¿Es correcto ver en Stendhal a un creador del egotismo literario? Para responderlo, sería necesario colocarnos en la piel de un Stendhal autor-personaje, conociendo el carácter autobiográfico de sus obras.
Veamos el marco histórico: En 1830, la burguesía descontenta inicia la revolución, con el propósito de revivir el sueño de 1789, el de un rey burgués. Bajo el reinado de Luis Felipe, Francia se industrializa, se enriquece, se engrandece y al mismo tiempo que el capitalismo y el socialismo hacen su entrada triunfal en la sociedad. Es una época de materialismo pragmático y de utopías idealistas.
Antes, por oposición al absolutismo y luego por oposición al materialismo, prevalecieron las tendencias humanitarias, liberales, individualistas y sentimentalistas del romanticismo.
Stendhal, que publicará sus obras maestras “Rojo y Negro” (1831) y “La cartuja de Parma” (1839) en plena era de la novela romántica, psicólogica y autobiográfica, le dará al género una nueva faceta, aplicándole el método positivo y racional.
El siglo XIX fue un siglo de grandes cambios en la estructura social francesa, lo que llevaba a aquellas ideologías antagónicas a coexistir en guerra. Pero para nuestro autor-personaje, se desdibujan las líneas de los fundamentalismos. Descubrimos en él a un adepto del cosmopolitismo que ama a su patria. Su extrema lucidez le hace ver que no todo es incompatible, o mejor aún, que todo está dado a la dualidad.
Por eso Stendhal es siempre más un romántico que un exponente del realismo. Se consume su propio amor, sus propias pasiones. A diferencia de un Balzac, que se pierde inocentemente en los sórdidos recovecos de un mundo materialista.
Su egotismo reflejará el orgullo del hombre tímido, herido en su amor propio por saberse abandonado en un mundo donde nada es ideal, donde nada es divino. El racionalista dentro de él, es conciente de que el hombre crea al hombre y a Dios. El romántico dentro de él, rechaza con dolor un mundo donde está librado a su propia suerte. No hay soberbia en su individualismo. Hay autoflagelo. Por eso no será un exponente del realismo en su totalidad. Se guiará por las pasiones y el amor. Simpatizará con los carbonarios. Buscará consuelo en épocas pretéritas y publicará sus “Crónicas Italianas”. Como hombre de su tiempo, sabe que debe intervenir en ese mundo del que aún forma parte. Y formará parte de la vida política y social de entonces. Y aún así, no estará inmerso en el realismo, ni será un egotista, sino un romántico activo.